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¿Cómo se enteró don Carlos de
la existencia de estos médanos?
Según las crónicas, en una ocasión que don Carlos y su
familia fueron a veranear a Mar del Plata conoció allí al
Sr. Héctor Manuel Guerrero, un terrateniente adinerado y
poderoso de la época, que estaba forestando un sobrante
de sus tierras frente al mar, es lo que hoy conocemos como
"Cariló". Literalmente, este hombre alfombró con tierra
negra esas dunas y plantó pinos a gran escala. Lo consiguió
con la inversión de una gran cantidad de dinero y recursos
humanos. Este hecho movilizó la mente inquieta y creativa
de Carlos Gesell y se decidió ir a ver esas extensiones
de médanos vivos que Héctor Guerrero le informó, en esa
ocasión, que existían al sur de sus tierras. Una vez allí,
comprobó que había agua almacenada en las dunas y fue el
disparador para tomar la decisión de comprar esas 1.680
hectáreas, pues si había agua las plantas y árboles tenían
la chance de crecer ayudados por la mano del hombre.
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| 1933 |
Así es que don Carlos comienza su lucha, lucha que le llevaría
años de su vida, para domar esos médanos de arena voladora.
Don Carlos nunca estuvo en contra de la naturaleza, al contrario
siempre luchó por entenderla y usar las armas que la misma
naturaleza le ponía delante, él la amaba.
A fines de 1931, construye la primera vivienda familiar,
declarado hoy histórica y que alberga el Museo y Archivo
Histórico de la ciudad. La casa se construyó a pocos metros
del mar y sobre una duna de 9 metros de altura, cuando todo
el territorio que actualmente ocupa la Villa no era más
que un gran desierto de dunas sin árboles. Instaló un molino
para abastecerse de agua. Para la construcción, que llevó
sólo tres semanas, don Carlos utilizó un sistema observado
por él en los Estados Unidos, de paredes dobles de madera,
recubiertas con gruesas capas de revoque por dentro y por
fuera. El hueco entre ambas paredes fue rellenado con papel
de diario, como método para aislar los interiores de altas
y bajas temperaturas.
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| 2001 |
La casa tiene cuatro puertas de acceso, orientada cada
una hacia un punto cardinal diferente, lo cual le permitía
contar siempre por lo menos con un acceso libre, cuando
la arena acumulada por el viento obstruía una o más entradas.
Desde el 13 de julio de 1991 funciona en esta casa el Museo
y Archivo Histórico Municipal, dependiente de la Dirección
de Cultura de la Municipalidad de Villa Gesell.
Desde las ventanas, dominaba un paisaje uniforme, treinta
kilómetros de playas solitarias casi vírgenes y un mar de
arena moviéndose con el viento …, ni un solo "yuyo" en esa
vasta soledad. Por las noches se podía divisar la luz que
proyectaba el Faro Querandí, distante 32 kilómetros de la
casa. El silbido del viento y el rugir del mar fueron los
únicos sonidos que acompañaron a don Carlos y su familia
durante largos años.
Es desde esta casa donde don Carlos comienza a proyectar
la realización de una plantación en gran escala. Dado que
desconocía los métodos para fijar y forestar las dunas contrató
en 1932 a un ingeniero agrónomo alemán experimentado en
plantaciones en el Mar del Norte: Carl Bodesheim. Bodesheim
quedó impresionado por la extensión de los médanos, nunca
había visto algo así en Europa. Este hombre pensó que en
un lugar de esas características tan inhóspitas y agresivas
jamás crecería nada…, se equivocó.
Don
Carlos pensó que la única forma de fijar las dunas era mediante
raíces que tenían que crecer. Carlos probó con una especie
de mata llamada "esparto" que crece en las dunas más apartadas
del mar. Es una gramínea o pasto que se desarrolla en matas
que alcanzan una altura de alrededor de 1 metro de altura
con fuertes raíces que se hunden profundamente en la arena.
Trazaba perímetros cuadrados de 10 x 10 metros con las matas
de esparto y de esa manera lograba inmovilizar 100 metros
cuadrados de duna. Dentro del perímetro de los cuadrados
don Carlos sembraba leguminosas que toman nitrógeno del
aire y lo envían al suelo, esto servía para fijar el suelo.
Además, sembró en estos cuadrados una especie de trébol
llamado "melolitus alba", y con cebada y centeno entre otras
plantas. Se hizo mandar más semillas de Alemania y de los
Estados Unidos. Estos cuadrados se hacían en interminables
hileras. La acción conjunta del esparto que tenía largas
y profundas raíces y de los melolitus alba que aportaban
el nitrógeno, se iban entretejiendo las raíces y fijando
las dunas.
Se sembraron acacias blancas, álamos, sauces y pinos marítimos.
Para tener una idea de esta labor dantesca, don Carlos plantó
en 1933 "solo, sin ayuda de nadie" 120.000 acacias blancas
y pinos marítimos (éstos son muy sensibles a los vientos
en su primera etapa de crecimiento). Nadie quería ir a ese
páramo a plantar en la arena. Fue realmente la fuerza espiritual
en las convicciones y la sangre pionera de un titán, lo
que permitió a este singular hombre seguir siempre adelante,
con alegría, con visión de futuro y sobre todo con una gran
"fe" en sí mismo y en sus ideas.
Según nos relata Rosemarie, una de sus hijas, en algunos
pasajes de su libro: "Empezaron a correr los rumores
por la zona de que había un hombre que vivía en una casa
frente al mar, el cual pretendía domar los médanos. Se le
había visto sembrar bajo la lluvia con una sembradora de
mano. Ese hombre debía estar loco. Se le comenzó a llamar,
el loco de los médanos. Quincena tras quincena, mes tras
mes, iba a los médanos a plantar con entusiasmo sin dejarse
vencer por el panorama de plantas que se secaban. Vagones
y vagones de pinos marítimos fueron transportados y plantados
a doce cuadras del mar. Con gran emoción, vio que algunos
se mantenían verdes. No crecían pero al menos no se secaban
".
De las 120.000 plantas que don Carlos plantó en 1933, 100.000
murieron en una gran sudestada que hubo en esa fecha. Recién
en el año 1939, don Carlos consiguió por medio de una planta
llamada "acacia trinervis" que los pinos crecieran sin problemas
en la arena. Esta planta, acacia trinervis, es considerada
la "planta madre de la forestación de Villa Gesell", porque
sirvió de protección a especies más débiles en su etapa
de crecimiento, tales como los pinos. De esta manera, don
Carlos a partir de 1939, comienza a sembrar por todos lados
esta acacia trinervis que fue importada desde Australia
vía Alemania (que había comenzado la 2da. Guerra Mundial).
Carlos Gesell, inventa otro método para sembrar con estas
nuevas plantas. Confecciona en la arena un triángulo equilátero
en cuyos vértices planta acacias trinervis que son altamente
resistente a los vientos y eso era justamente lo que don
Carlos estaba buscando. En el centro de ese triángulo plantó
los pequeños pinos. De esta manera, las acacias les servían
de refugio a los pinos en su primera etapa de crecimiento
que es la más frágil, pues las acacias crecían más deprisa
que ellos.
En 1938, Carlos Gesell se separa de su primera mujer, Marta
Tomys para unirse a Emilia Luther, quien lo acompañará hasta
el final de su vida. Por esta época don Carlos renuncia
a Casa Gesell para dedicarse full time a forestar Villa
Gesell. El tiempo pasaba y el dinero se iba acabando, así
que don Carlos pensó que tal vez sería buena idea construir
una casita frente al mar y alquilarla a aquellos turistas
que quisieran un contacto distinto con la naturaleza. Construyó
la casita y le puso "La Golondrina". En 1940 Carlos Gesell
publica en el diario La Prensa de Buenos Aires un aviso
bastante simpático y decía más o menos así: "Casita solitaria
frente al mar se alquila por 15 días a $100. Escribir a
Carlos I. Gesell. Estación Juancho. Ferrocarril Sur."
El aviso tuvo respuesta. Emilio Stark, ejecutivo de origen
suizo, de Buenos Aires se interesó por "La Golondrina".
El Sr. Stark arribo a esos parajes con su familia en su
auto particular. Don Carlos los fue a buscar, o mejor dicho
a auxiliar, en un tractor. La señora Stark, tal vez acostumbrada
a otro tipo de vacaciones y comodidades se enfureció llegando
a decir que los habían estafado. Tenía sus razones para
estar así, pues el camino era barro, mosquitos, yuyos, y
una soledad impresionante en el medio de la pampa. Pasado
este percance inicial, los Stark, según las crónicas, quedaron
tan impresionados con el paisaje maravilloso que encontraron
y esas playas interminables para ellos solos que expresaron
su felicidad diciendo que esas habían sido las mejores vacaciones
que tuvieron en su vida. Y fue así que los Stark realizaron
comentarios muy positivos en Buenos Aires de este lugar
fantástico, natural y tranquilo. El "boca en boca" empezó
a surgir efectos y más y más miembros de la colectividad
alemana comenzaron a acercarse a esos médanos que ahora
ya tenían árboles y los pinos empezaban a crecer al amparo
de las acacias.
Esta
nueva situación, a partir de 1941, hizo plantear a don Carlos
la posibilidad de desarrollar un concepto de ciudad balnearia
diferente a lo que era Mar del Plata en ese momento. Quería
un lugar de descanso para los turistas que amaran la naturaleza,
bautiza al lugar como "Villa Silvio Gesell" en honor a su
padre. Comienza a trazar los primeros lotes.
En 1942 comienzan a llegar los primeros pobladores que
eran en su mayoría alemanes y suizos que huían del infierno
de la guerra y arribaban a ese paraíso de paz, naturaleza,
mar y juventud. En esos primeros años existía una auténtica
solidaridad entre los primeros pobladores. Se ayudaban unos
a otros para construir sus casas, y al terminar una se colocaba
una rama de sauce en la puerta o entrada que significaba
que esa noche había asado allí. Un verdadero ejemplo de
solidaridad ciudadana tan ausente en nuestros tiempos, propia
de gente que amó el progreso en paz y armonía, esa era la
Villa Gesell soñada por don Carlos. Posteriormente, sobrevino
una gran inmigración de españoles e italianos.
En
el año 1952, luego de una gran insistencia de su mujer Emilia
Luther don Carlos se muda a un chalet, diseñado por él mismo
distante a unos 70 metros de la casa familiar original.
Carlos Idaho Gesell vio cumplir su sueño. Falleció el 6
de junio de 1979 a la edad de 88 años en el Hospital Alemán
de la ciudad de Buenos Aires, luego de estar internado tres
semanas. Se comentaba que aún en el hospital se levantaba
de la cama para hacer gimnasia y tenía aún proyectos en
su mente para 50 años más. Uno de ellos era ir a forestar
20 hectáreas al desierto del Sahara. Estaba perfectamente
"lúcido", lo estuvo hasta su última hora. Sus restos descansan
en el cementerio de Villa Gesell.
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