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Carlos
Gesell se instala en las dunas
En 1931, a los 40 años de edad, Carlos Gesell comenzó a
forestar las dunas que había adquirido. Carlos compra 1680
hectáreas de médanos vivos de frente marítimo. Era una franja
de unos 10 kilómetros sobre la playa por unos 1.600 metros
de profundidad aproximadamente.
Tenía muy en claro su objetivo: producir la madera necesaria
para abastecer a la fábrica de artículos para bebés "Casa
Gesell" en Punta Chica (Hoy es una de las estaciones del
Tren de la Costa). Pero para ello había que comenzar por
fijar "ese desierto de arenas voladoras", donde todas las
condiciones parecían adversas. Carlos estaba seguro de que
alcanzaría su objetivo, había comprobado que las dunas almacenaban
agua dulce proveniente de las lluvias y esto ya era un indicio
de triunfo.
A la estación Juancho, distantes unos 22 kilómetros del
área adquirida, comenzaron a llegar semanalmente o cada
15 días las herramientas y elementos necesarios para iniciar
la tarea de forestación. Desde allí había que llevar el
cargamento hasta lo que es hoy Villa Gesell como se pudiera
pasando por barro, yuyos y mosquitos primero y médano después.
En aquel tiempo no existían caminos. Había que ir a campo
traviesa pidiendo permiso a los propietarios de las tierras
para que dejasen transitar con el cargamento hasta los médanos.
Con estos materiales (Semillas, tierra negra, fertilizantes,
etc.) llegaron también los primeros árboles que se plantaron
a poco más de un kilómetro del mar.
Se instaló un galpón para dar vivienda al personal. Esta
fue la primera construcción estable de la actual Villa Gesell
(Hoy se la puede observar dentro del Camping California
en la parte norte de la ciudad).
Estas 1680 hectáreas de médanos vivos eran sobrantes de
tierras fiscales que don Carlos compró al estado. En aquel
tiempo se realizaron mensuras de las tierras, ya que en
el siglo XIX los grandes terratenientes de la zona no conocían
a ciencia cierta cuales eran los límites reales de sus propiedades.
Por lo tanto, cuando el Estado realiza por primera vez estas
mediciones se producen desacuerdos entre el Estado y los
estancieros y terratenientes. En realidad, no existían tantas
exenciones impositivas por esas tierras como creían los
propietarios y, en consecuencia, tuvieron que ceder algo
al Estado. Ellos tuvieron que optar entre ceder tierras
fértiles de la pampa o arena frente al mar, y fue así que
decidieron cederle al Estado esos 180 kilómetros de médanos
vivos que van desde Punta Rasa a Mar Chiquita.
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