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Parques Nacionales: El despliegue de la naturaleza.
En cualquiera de las 23 provincias del país, la
naturaleza brinda un espectáculo de belleza incomparable,
resguardada de la mano del hombre y custodiada con afán. El
Parque Nacional los Glaciares
en la provincia de Santa Cruz, el Parque
Nacional Iguazú en la provincia de Misiones y el Valle
de la Luna en San Juan, son sólo tres muestras de
la generosidad de la tierra argentina, que abre sus puertas
al mundo para ser admirada.
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Las
aguas infinitas
Nada alcanza. Ni imágenes, ni palabras, ni expectativa
alguna. Las Cataratas del Iguazú tienen la soberbia virtud
de no defraudar, por el contrario, superan todo ejercicio
imaginativo. Impactan con una infinita demostración de poder.
Aquí no se goza de la contemplación como cualquier paisaje,
en cualquier latitud, porque justamente el paraje no está
quieto. Vive y lo hace en forma intensa y continua. La selva
se agita, con sus miles de sonidos y animales, y las aguas
corren y caen, y no dejan de hacerlo. Las cataratas son
un despliegue, una prueba descomunal de lo maravillosa que
es la naturaleza.
Como se dice en la región, se contemplan las cataratas
del lado brasilero y se viven del argentino. Por eso, lejos
de ser oposición, una visita completa e integral debe sumar
ambas perspectivas.
El Parque Nacional Iguazú tiene su correlación del lado
brasilero, donde también constituye un área protegida de
185 mil hectáreas. Desde la entrada al inicio de las pasarelas
hay 11 kilómetros que lo único que hacen son incrementar
la emoción y la ansiedad. Luego se inicia la caminata por
una pasarela que va por el faldeo de la orilla del Iguazú,
hasta el Salto Santa María, el principal del lado brasilero.
La pasarela se adentra en el río y se puede contemplar la
caída de agua a sólo treinta metros. Todo el paseo permite
conseguir las mejores panorámicas de las cataratas.
Del
lado argentino es distinto. Existe una nutrida red de pasarelas
interconectadas que permiten acceder a diferentes sitios.
En casi todos los casos las pasarelas de hierro nuevas -tienen
menos de tres años- se sumergen en la selva subtropical
poblada por 2000 especies vegetales. Una de ellas lleva
a contemplar los saltos más alejados: el Alvar Núñez, Lanusse
y nos deposita en el Mirador de Punta Peligro.
La otra gran escala es los dos saltos gemelos conocidos,
justamente, como las Dos Hermanas. Luego viene el Salto
Bozzetti, uno de los más importantes y espectaculares, que
se puede ver desde abajo o desde arriba. La pasarela principal
lleva a pasar sobre los saltos Alvarez y Guarda parque Bernabé
Méndez, y desde donde se puede observar el salto Mbiguá,
Adán y Eva y la gran estrella: el Salto San Martín, que
se desploma en dos escalones. Por caudal e imponencia esta
caída es la más destacada. Las selvas próximas a las cataratas
albergan a cerca de 450 especies de aves, entre las que
destacan vencejos, tucanes, tangaraes, jacamara, colibríes
y pájaros carpinteros.
Links recomendados
http://www.corredorverde.com
http://www.wam.com.ar/tourism/e/reg1/reg1.htm
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El
magnetismo de los hielos eternos
El Calafate es el punto de partida y regreso del Parque
Nacional Los Glaciares, una invitación de la naturaleza
a descubrir, entre otras maravillas, el majestuoso glaciar
Perito Moreno. El constante crecimiento del lugar y el esfuerzo
permanente de la gente de El Calafate para brindarle al
turista lo mejor hace que las opciones para lanzarse a la
aventura sean cada vez mayores.
La primer visita obligada es sin duda al Glaciar Perito
Moreno. Un camino de 50 kilómetros por la Ruta Provincial
Nº 11 separa a la villa del Parque Nacional Los Glaciares,
que fue declarado en 1981 Patrimonio Natural de la Humanidad
por la UNESCO.
Con
una extensión de 600 mil hectáreas, una exhuberante naturaleza
virgen y los 356 glaciares que lo conforman, el Parque conserva
rasgos de la era glaciaria. Los gigantes de hielo están
rodeados de cumbres nevadas y bosques de lengas y ñires,
y su superficie es mayor a la de la Capital Federal, ocupando
un total de 17 mil kilómetros cuadrados. El Glaciar Perito
Moreno es el que primero aparece a la vista. Casi llegando
al Parque, en un recodo del camino comienza a vislumbrarse,
invitando a acercarse y a descubrir su belleza.
El camino va llevando hasta donde no es posible avanzar
más. Ahora resta una caminata que conduce a las pasarelas,
donde el encuentro es inevitable y sorprendente. Una pared
de hielo turquesa, azul, celeste, blanca, verde, va desplegando
una paleta de colores a medida que los rayos del sol van
cayendo. Y mientras caprichosas grietas aún se resisten
a abandonar la masa de hielo, imprevistos bloques van cayendo
desde lo alto, generando ruidos similares a un gran trueno.
El
aire puro del lugar y el ruido estremecedor que se escucha
en cada movimiento del glaciar, cuando se desprenden partes
que caen al Lago Argentino, es un espectáculo inigualable.
Más allá de contemplar el maravilloso paisaje, en el Parque
Nacional hay muchas opciones para disfrutar a pleno de toda
la naturaleza.
Una de las escapadas que se puede hacer es navegar por
el brazo norte del Lago Argentino, desde donde se avistan
los glaciares Upsala, Spegazzini y Bahía Onelli. Es una
gran oportunidad para llegar hasta la base misma de los
glaciares, y allí observarlos de cerca para poder comparar
la magnitud de su tamaño.
Para
los que no se conforman con mirar el glaciar desde las pasarelas,
otra alternativa posible es el Safari Náutico, un paseo
que dura cerca de una hora y que recorre el Brazo Rico frente
a la pared lateral del glaciar, a una distancia de 300 metros.
Links Recomendados
http://www.elchalten.com
http://www.scruz.gov.ar/Turismo
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La
piedra y el ingenio
La provincia de San Juan resguarda uno de los lugares más
extraños y maravillosos de la Argentina. Preservado por
sus habitantes y admirado por turistas y científicos que
tratan de encontrar una respuesta a su deslumbrante paisaje,
el Valle de La Luna está rodeado de un halo de misterio
indescifrable, que hipnotiza de día y estremece de noche.
El entorno sanjuanino, árido y pedregoso, durante miles
de años esculpió el Valle de La Luna, denominado así justamente
por su gran parecido con el paisaje lunar. Enormes piedras
del tamaño de edificios de cinco pisos se levantan solitarias,
como tótem al sol. Por su parte, piedras de diferentes formas,
redondas, ovaladas, más grandes y más pequeñas, forman en
su conjunto un recorrido donde los ojos no se cansan de
admirar.
De
más está decir que está estrictamente prohibido levantar
una sola piedra del lugar. El viento y el sol son los únicos
testigos que por años fueron modificando el Valle, hoy uno
de los lugares imperdibles a la hora de elegir un destino
del país asombroso e hipnótico.
Links Recomendados
http://www.sanjuan.gov.ar/circuito.htm
http://www.ischigualasto.com
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